ORÍGENES DE DICHOS SANMARQUEROS


POR: LIC. RAFAEL DÍAZ  LEDESMA

¡ESTÁS POR AHÍ VIEJA CONCHA!

El apellido Cortéz, ha conservado un escaño por tres generaciones, en actividades tradicionales y oficios que van desde ayudantes de albañilería, maestros de obra, vendedores de productos de pan coger, pasando por la venta de frescos en la plaza, antesala al Parque de Bolívar, donde está consolidada la presencia de la familia por dos generaciones más, en un kiosco surtido con las bebidas y especies que la modernidad exige en demanda de nuevos sabores.

Enrique, “El Viejo Cortelucho” o “El Corfi” como familiarmente era conocido, con el paso de los años, se puso al frente de esas actividades comunes, que desempeñaba con honradez y entusiasmo; con respeto, amabilidad  y una envidiable humildad con la que se ganó la admiración de quienes lo conocimos.
En cierta ocasión, para la época de Cuaresma, fue invitado a coger hicoteas en los hoyos de ciénaga en Los Puntales, hasta donde se desplazó con varios vecinos, ataviado con costal de fique, calabazo bocón lleno con agua, sombrero concho, camisa blanca mangas largas, botas croydon, cuyos cordones amarraban por encima de los tobillos y con una mascada de tabaco, para evitar mordeduras de serpientes.

Acondicionado el escenario, nuestro personaje, se propuso romper paradigmas y mitos alrededor de esta milenaria práctica, echándose agua del calabazo de la cintura hacia abajo antes de entrar a la charca u hoyo seleccionado. Lo que para sus compañeros fue una réplica del pasaje bíblico de los apóstoles cuando pescaban y que no podían sacar las redes por la abundancia de peces. Para “El Corfi”, la cosa era otra, ya que el resultado fue totalmente opuesto. El costal se mantenía vacío.

Sus amigos no podían creer, pues lo habían visto en repetidas ocasiones alegrarse con los hallazgos. Y se detuvieron para observar la táctica empleada por el innovador. Ante la mirada atenta de sus vecinos, pronto dio con la “tienta” en el caparazón de una hicotea; al mismo tiempo vieron estupefactos cómo colocaba el “chuzo” en un lugar distante e iniciaba la arregazada de las mangas de la camisa (para no mojarlas) y exclamó con júbilo: ¡“Estás por ahí vieja concha”!. Acto seguido introdujo sigilosamente sus manos para extraer la pieza descubierta, con el negativo resultado de siempre. Ya el animal se había mudado de “poza”.
                   
En San Marcos, la expresión que nos ocupa, significa satisfacción cuando nos topamos, sin esperarlo, con alguien de nuestra personal consideración y al cual podemos saludar sin protocolos.

Publicado Por Jose on Ago 28th, 2009 and filed under General. usted puede seguir las respuestas a esta entrada atraves de RSS 2.0. You can leave a response by filling following comment form or trackback to this entry from your site

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