Lic. Ricardo Torregroza de la Ossa.
Recientemente se celebró en San Marcos el “CUARTO ANIVERSARIO” de la fundación del periódico “EL SANMARQUERO”, en homenaje a Augusto Amador Soto, connotado escritor y periodista, nativo de esta ciudad y residente en Montería, constituyendo dicho evento importante acontecimiento cultural.
Uno de los actos sobresaliente de la programación fue la premiación de los tres mejores cuentos del “SEGUNDO CONCURSO REGIONAL”. Loable certamen impulsado y orientado eficazmente por Federico Zea Romero, Director del Periódico.
Aunque el motivo que inicialmente nos compromete en esta “nueva cita periodística”, es la común preocupación por el futuro del CONCURSO, mal en enjuiciando las composiciones escritas presentadas y rotuladas como CUENTOS, sometiéndolas al escrutinio y veredicto del jurado. Sus miembros, lejos de analizar y comentar cáusticamente los trabajos, en actitud mental y comprensiva y comprensible, optó por juzgar no los resultados, sino el meritorio esfuerzo personal de nuestros noveles cuentistas.
De ilustrativo, debo comenzar este propósito por el hombre, quien al percibir la belleza en la naturaleza la dimensiona, dado un sentimiento de lo bello que en él gravita, por el simple hecho de ser depositario de lo humano. Desde entonces, se siente impelido a producirla; entiende que no puede prescindir de lo estético para formular lo artístico. Para ello, en ocasiones se valdrá de los sonidos para componer melodías, tal es la MÚSICA; o de los colores para producir imágenes; tal es la PINTURA; o de la palabra para realizar obras literarias, tal es la LITERATURA.
La utilización del lenguaje como instrumento para la expresión de la belleza, condujo al hombre a su posterior sistematización como GÉNERO. Tal es la LITERATURA. Y todo ocurre porque el hombre, proclive a la recreación de la belleza, hace que esta germine y florezca en la obra de arte. Fue así, cómo a expensas de la creación artística, LA NARRATIVA se inscribe en el escalafón de los GÉNEROS LITERARIOS.
La NARRATIVA es infinitamente más antigua que cualquier intento del hombre por sistematizarla. Fue desde siempre que recurrió a la narración para contar lo propio o lo de los demás. Desde los albores de la humanidad, el hombre narra como protagonista o como observador de sucesos; subjetiviza u objetiviza la anécdota. La connatural “manía” del hombre de contar hechos ha permitido por extensión, identificar y agrupar como narrativas todas aquellas obras que tienen por finalidad narrar acontecimientos que se suceden a través del tiempo.
De inmediato, resulta pertinente subrayar el CUENTO como SUBGÉNERO, rubricarlo, como una forma menor de la NARRATIVA, dentro de la amplia gama que comprende su bagaje literario y, la sitúa, junto a la LÍRICA y la DRAMÁTICA, como uno de los pilares de la expresión artística de todos los tiempos, de todas las épocas, de todos los pueblos. Por supuesto, sin desmedro de los restantes GÉNEROS más propiamente considerados como EXTRALITERARIOS.
Podemos, por extensión en la diversidad y por disimilitud en la formalidad, colegir y concluir que las obras narrativas abarcan muchos matices que las acercan y, en contraposición, semas diferenciadores que las distancian. Desde las que se valen del VERSO como la Epopeya, el Poema Épico, el Canto Épico, los Cantares de Gesta y demás formas de la tupida fronda de la Poesía Épica, a mas de la Fábula; hasta las que utilizan la Prosa como el Relato, el CUENTO, la Leyenda, el Apólogo, la Novela, la Historia y la Biografía.
Ser discursivo; discurrir en torno al cuento, confirma el propósito esencial de este trabajo a manera de ensayo; y abordo tal intento deslindando y demarcando los respectivos campos semánticos del RELATO y el CUENTO, que con tanta frecuencia se tiende a confundir. Explicable error por ser subgéneros fronterizos, significativamente. Si bien ambos narran y presentan elementos comunes: Acción, personajes y escenario, el RELATO, que no implica nada distinto a una representación de acontecimientos reales o imaginarios; es decir, algo que el relatante vio, vivió o le contaron y luego hace el ejercicio de presentarlo de nuevo de forma oral o escrita. La representación circunscribe el relato; lo limita y permanece dentro de los estrechos linderos del hecho en cuanto tal. No ofrece la densidad del cuento y no requiere de un descenlace; no obstante por ser secuencial, conserva clara la temporalidad. En el cuento, por el contrario, el personaje encarna la anécdota; focaliza la situación única planteada; gravita orbitalmente en torno a la realidad y el Arte, (los polos del CUENTO), que no obstante ser ficción literaria, debe ser verosímil y, portar un mensaje que lo cargue de significación.
El CUENTO es tan remoto como el hombre mismo. Desde los relatos orales de las comunidades primitivas y las formas que recogieron las tradiciones orales de los pueblos orientales plasmadas en “Las Mil y una Noches”, hasta el “Pantchatantra”, que compiló las fuerte corriente de la cuentística Hindú. Colecciones como “El
Decamerón” y los “Cuentos de Canterbury”, en la Edad Media. Las producciones de cuentistas consagrados del mundo moderno y contemporáneo: Perrault, “Cuentos de Mamá Oca”; Swift, “Viajes de Gulliver”; Mark Twain, “Aventuras de Tom Sawyer”; Andersen, Poe, los Hermanos Grimm, Dickens, Kipling y Chejov,
hasta llegar a grandes pasos, a las colecciones de cuentos de García Márquez: “Doce Cuentos Peregrinos” y “La triste historia de la cándida Erendira y su abuela desalmada”.
Continúa en la próxima edición.