
Por AUGUSTO AMADOR SOTO
Se escenifica en Tierraltica, Bajo Sinú. Una casa grande, de piso lustroso y ambiente fresco. Patio extenso cubierto de árboles de mango, mamón, níspero, cocos; bien barrido por debajo. Complementando la casa principal, un ranchón de palma amarga y comedor de mesa grande; al final, la cocina con su fogón de hornilla, alacena cargada de loza fina, gajos de plátano colgados y abundante leña seca. Es la residencia de Doña Lorenza Arteaga y Don Vicente “Lata”.
En el amplísimo comedor, Doña Lorenza se entretiene en los oficios caseros.
De pronto se le acerca Vicente; viene de la puerta de la calle frotándose las manos en señal de júbilo, mientras señala.
“Pilas Lore; una cuatro puertas de placas sincelejanas”.
-Vete para la cocina –.
En efecto, dos mujeres de aire ricachón se bajan de la nave, tocan la puerta mientras llaman con cautela.
“Doña Lorenza…. Niña Lorenza”-
-Sí, adelante – exclamó Doña Lorenza, mientas las recibía con una sonrisa de matrona señorial. - Bienvenidas ami humilde rancho -.
Después del consabido saludo -qué hay por acá, cómo está la familia, qué casa tan fresca tiene – las dos ricachonas se sientan, tratando de inspeccionar con la vista el entorno, como buscando soledad.
-Bueno niña Lore – nosotras venimos de Sincelejo. Venimos atraídas por la fama que usted tiene en la Sabana.- Se miraron con una sonrisa picarona.
-Dicen que Usted tiene el palito para componer a los maridos arbitrarios, bebedores - ¡y mujeriegos! – agregó la otra.
-Que va – sonrío doña Lorenza. A veces es más la bulla que la cabuya, pero algo se hace – remató.
En la cocina, Vicente guardaba silencio mudo. Ni se sentía.
Una de las ricachonas asumió la vocería. –Vea niña Lore; Usted es nuestra salvación. A eso venimos a ver qué hacemos. Tenemos unos maridos que no tienen componte. Nos han dicho que Usted los pone en la línea.
Mirando hacia la cocina, como sugiriendo un pare, Doña Lorenza llamó: - Viso…prepárate un café. ¡Bien bueno!
-Si – ya voy – exclamó Vicente – en la distancia.
-Le decía niña Lore – continuó la dama – Estos hombres son putañeros, roneros, machistas, fregones. Nosotras queremos enderezarlos… ponerlos en su puesto.
-Y que nos lleven el desayuno a la cama – remató placidamente la otra.
En ese momento llega Vicente con los pocillos de café, sostenidos por las orejas.
Doña Lorenza pareció entrar en cólera y con la mano abierta le dio una bofetada mientras le gritaba -.”Mal educado; busque unos platicos… pedazo de muérgano. ¡Cómo se le ocurre hacerlo quedar mal a uno delante de la gente!
Vicente, con la cabeza gacha regresó a la cocina y volvió con los tintos, ya con sus platicos y un azafate, entregó y se retiró en silencio.
Doña Lorenza miró a las damas mientras hociqueaba a Vicente –“No lo vean ahí – exclamó. La mala vida que me dio. Pero Lorenza Arteaga no es tuza de limpiar fundillo sucio de todo mundo, ahí está- señaló.
Las ricachonas se miraron entre sí con mueca de asentimiento.
Así es que yo quiero ver el mío niña Lore- dijo la que llevaba la palabra.
-Y el Samuel… quiero verlo humilladito – agregó la otra.
Un niño empezó a llorar en la hamaca.
Sin pararse de la mecedora, Doña Lorenza vuelve a llamar a Vicente. –Ve ese niño, está poposiao – báñalo.
Vicente aparece de nuevo; toma al niño, lo baña, lo seca y empolva, le da el tetero y empieza a mecerlo mientras le canta…rru..rru…rru.. rrú..rru..rru; lo duerme y se desaparece..
Impresionadas, las visitantes se miran una con la otra, complacidas.
-Bueno Niña Lore… así es que queremos el trabajo, tocándole el hombro suavemente.
-Pero eso tiene su precio – exclamó sonriente doña Lorenza.
-Eso no importa… es lo de menos.
Doña Lorenza se fue al cuarto, trajo unos frasquitos y dio las instrucciones. –Este es el “aquieta macho”; son tres goticas en el jugo o en el café. El no se da cuenta porque no tiene ningún sabor - ¡Pero efectivo! Este otro se lo aplican en la mollera cuando esté dormido. Se llama el “agacha cabeza”- y este – agrega mientras mueve las piernas y la cabeza con malicia – este es el “arrecho adentro”. Cuando el tipo esté dormido páseselo por la nariz tres veces. Vea, con éste, ese hombre donde vaya, desde que saque para orinar, que se huela él mismo…. Corre para la casa.- Eso sí… ¡jártelo! bien en la casa, que el perro jarto no busca comida en la calle -
Lo demás fue festejo y satisfacción. De una le pagaron trescientos mil pesos.
Doña Lorenza colocó el dinero debajo de la almohada, y con las ricachonas recorrieron todo el patio; las matas, algunos tallos para llevar.
Desde la cocina, Vicente había seguido todos los pasos; vio cuando Doña Lorenza metió el billetón debajo de la almohada; así que sacó del baúl la muda de ropa dominguera, se bañó, se cambió y directico se fue a la almohada, saco doscientos cincuenta mil, dejó cincuenta y salió a la calle. Fueron tres días de juma; solo dejó para comprar una rula “Gavilán colorado”. Regresó al tercer día todavía con el tufo a níspero maduro y la rula en la mano. Lo primero que hizo fue pegar un planazo en el pretil de la puerta; luego el segundo y el tercero mientras gritaba: “Llegó el marío gobegnao no joda”.
Doña Lorenza, con aire de resignación, salió a recibirlo, mientras le murmuraba:
-Ay Viso… te gastaste toda esa plata –
-No Señor… yo le dejé su parte. Esa plata me la gane yo… no joda. – Y mientras le daba otro planazo al quicio de la puerta apuntaba.. – y aquí está el marío gobegnao… no joda. Y se guardó para adentro del cuarto.
(Este relato fue referido por Melvin Palomo López - qepd – y Avelino Madera Escobar en una fiesta de la Madera).